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Monthly Archives: octubre 2012


 

Gary Ridgway nació un 18 de Febrero de 1949 en Salt Lake City, Utah.

 

Creció en una familia desestructurada, dónde las palizas eran la constante y con una madre que lo avergonzaba y vejaba en público por mojar la cama cuando era pequeño.

 

A la corta edad de 16 años apuñaló a un niño de 6 años en el hígado tan sólo para saber qué se sentía al matar a alguien. Por suerte, aquél niño sobrevivió pero sus pulsiones ya empezaban a aflorar.

 

Su vida transcurrió entre la Guerra de Vietnam, varios matrimonios fallidos y la contratación de prostitutas.

 

 

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Y es aquí dónde empezó su carrera criminal con el asesinato de esas prostitutas a las que contrataba sus servicios. Entre 1980 y 1990, Gary asesinó con sus manos a 71 mujeres sin mostrar ningún signo de piedad ni arrepentimiento convirtiéndose así en el asesino en serie con más asesinatos de los Estados Unidos.

 

Después de una investigación que duró años, el 30 de Noviembre del 2001 el asesino del Río Verde fue detenido y acusado del asesinato de más de 40 prostitutas gracias a las pruebas de ADN que se fueron recolectando en su contra.

 

En todo momento mostró una frialdad y falta de sentimientos que asombraba a propios y extraños. Durante el revuelo mediático y el propio juicio, su actitud siempre fue la misma aún y cuando los familiares de las mujeres asesinadas estaban presentes en la sala.

 

 

Ya no sólo era el calado de sus crímenes el que producía repulsión hacia su persona. Esa frialdad mostrada durante las semanas del proceso ante los familiares, o durante la declaración de los testigos, y la presentación de las pruebas y fotos de sus hechos, no hacía más que aumentar el odio hacia un sujeto de tal ralea.

 

Tanto es así, que el mismo juez dejó que los familiares de las víctimas se pudiesen dirigir a Gary Ridgway desde el estrado para mostrar su repulsión hacia su persona degradándolo hasta dónde el lenguaje humano permite.

 

– “Es un animal. Deseo para él la más dolorosa y lenta muerte que sea posible…”

– “Deseo que arda en el infierno que es el lugar al cuál realmente pertenece…”

– “Ella era una madre, era una hermana, era una hija… Y como usted ha declarado, ella no significó nada para usted, pero ella lo significaba todo para nosotros…”

 

Así, una familia tras otra iban mostrando el odio que sentían por Ridgway. Sin embargo, el acusado en ningún momento bajó la mirada ni mostró ningún sentimiento. Él se mostraba inmune a la degradación.

 

Hasta que, Robert Rule, el padre de Linda Rule, una de sus víctimas, apareció en el estrado y comenzó a hablar:

 

– “Sr. Ridgway, hay mucha gente aquí que le odia… Yo no voy a… aunque realmente usted ha puesto todo muy difícil para que siga creyendo en lo que yo creo y que es lo que Dios dijo que era lo que había que hacer y esto es perdonar… Usted esta perdonado, señor…”

 

 

El otrora víctima de malos tratos, Gary Ridgway, se derrumbó en lloros. Aquél mismo día, pidió hablar ante todos después de declararse culpable:

 

– “Siento haber asesinado a esas mujeres. Ellas tenían toda su vida por delante. Siento haber causado tanto dolor a tantas familias…” – los sollozos interrumpieron su discurso…

 

Si queréis saber más:

 

 

 

Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuantas veces pecara mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Mateo 18:21-22

 

 

 

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