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Ya en el siglo VI a.C. Epiménides, filósofo de la época, dijo algo así:

– “Todos los cretenses son unos mentirosos“.

Siendo él mismo cretense… ¿Decía él mismo la verdad?

El problema de la persona mentirosa y que quiere seguir siéndolo es, tal y cómo decía Alexander Pope:

– “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”.


Según las líneas marcadas por la psicología moderna, la mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa. Muchos trastornos psicológicos llevan asociada la mentira como forma de evitación de circunstancias. Si se llega a convertir en hábito, puede suponer un trastorno psicológicamente denominado Trastorno en el Control de Impulsos.

Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado, de forma que los detalles chirrían y se ven descubiertos justo por las personas más cercanas a la persona mentirosa creando una profunda decepción en ellas al verse manipuladas.

Dada la baja autoestima de la persona mentirosa, al verse descubierta, su YO irreal crea otra serie de mentiras para eludir una vez más la responsabilidad de su YO real con tal de convencerlo y una vez más, volver a eludir la responsabilidad en sus acciones, aplacar así su conciencia y poder soportarse a si misma entrando en una suerte de espiral de falsedad y manipulación de la víctima que ha sido engañada y también de la persona mentirosa en sí.

Una vez la persona mentirosa patológica es expuesta ante su propia mentira sin ningún género de duda, responde mintiéndose a sí misma “inventándose” una deuda o una afrenta para “cancelar” la deuda, equilibrar la situación y justificar ante sí misma mediante autoengaño y ante terceros el conflicto o la posible ruptura de la relación. Equivale a decir: “yo le debo, pero él también me debe a mí”. En muchas ocasiones la persona mentirosa patológica va a proyectar sobre su víctima su propio YO acusándola de lo mismo: de mentirosa.

El mentiroso sufre de frustración, son inmaduros, egoístas, manipuladores y narcisistas, no teniendo control de sus impulsos. Estamos hablando de autoestima baja, gente insegura y con una gran necesidad de afecto. Al comenzar a mentir han recibido ciertas retribuciones sociales y atención que sirven de grandes reforzadores para seguir mintiendo. Esa incapacidad de afrontar sus propios actos y asumir sus propios errores hace que recurran a una mentira o a una vida no del todo real inventada donde si es aceptada y protegida por su propio autoengaño.

La persona se irá enredando en sus propios zapatos, empieza a mentir para sentirse mejor pero acaba inmersa en un mundo imaginario, del que solo podrá salir con ayuda psicológica. Quién miente de forma continuada trata de ser más atractiva hacia los demás o de suplir carencias en distintas áreas de su vida y evitar hacerse responsable de sus acciones, pero con el tiempo esto surtirá el efecto contrario y la persona se encontrara sufriendo aislamiento por despertar desconfianza en los más allegados decepcionando e hiriéndolos. Es en ese momento donde la persona pierde interés en permanecer en ese ambiente y busca otro lugar donde comenzar a construir de nuevo su mundo de papel si antes no ha sido expulsada.

En relación a las causas, podríamos hablar de: Rechazos que marcan (la familia es la escuela donde aprenden a mentir), si en la infancia se sentido incomprendida, no amada, rechazada por sus padres y/o personas influyentes en sus vidas, rápidamente aprenden a mentir y a manipular para adaptarse a lo que suponemos ellas quieren escuchar.

Son mentirosos sistemáticos que generan consenso en sus mentiras… llegando al límite del cinismo, negando lo evidente y creando confusión en sus “víctimas” y hasta creyéndose ello/as mismo/as sus fantasiosas creaciones.

El mentiroso sistemático lleva un control riguroso sobre su mentira, concatena un relato con otro de modo que vayan todos cerrando, creando versiones según la realidad pudiera dejar en evidencia sus invenciones. Porque el objetivo de la mentira no es ella misma, sino tener bajo control al otro que le pueda ser adverso a unos fines que no siempre quedan muy en claro.

La mentira sistemática se trata de una perturbación del carácter que puede no presentar ningún otro signo más que éste, apareciendo la persona como absolutamente normal y adaptada en el resto de aspectos de su vida cuanto más alejadas estén las personas de su entorno.

La convicción sobre la mentira es uno de los signos más notables, teniendo ésta la finalidad de una satisfacción propia (narcisista), más que el comportamiento que engendra esa convicción. Es por eso que enfrentar al mentiroso sistemático y patológico con su mentira, de poco y nada servirá. Su estructura psíquica “no le permite” ver caer esa realidad que ella inventa, por lo que negará toda evidencia empezando el ciclo más arriba explicado a medida que son descubiertas: mentira primaria, mentiras secundarias para esconder la mentira primaria y finalmente, búsqueda de la “deuda imaginaria” para con su víctima.

Una de las actitudes más perniciosas y que más daña a los seres humanos es ser víctima de una mentira siendo inversamente proporcional el daño a la distancia que haya entre mentiroso y víctima. Sólo se encuentra una excepción cuando el mentiroso es el hijo y los padres son las víctimas. Hay una clara tendencia humana a “perdonar” casi cualquier acción errónea a los hijos y a que se consideren como “desagradecidos” por naturaleza en nuestra sociedad.

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3 Comments

  1. Gracias por escribir.

    Sólo buscaba respuestas y entender el por qué de algunas situaciones. El saber siempre te tranquiliza internamente y te hace empatizar con la persona. Los budistas lo llaman “compasión” aunque no tiene el siginificado directo que en español le damos.

    Un beso.

  2. ¿Quién te ha mentido?

  3. Quien te ha mentido?


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