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Hace unas semanas tuve el placer de volverme a encontrar cara a cara con un amigo que hacía mucho tiempo que no tenía el placer de ver. De hecho, esa última vez fue, ya hace algunos años, cuando me alejaba de la que fue mi casa por 5 años en un furgón que previamente habíamos cargado con todas mis cosas. Me mudaba de ciudad.

En nuestra relación, el cariño y el aprecio siempre nos han acompañado así como las risas. Estas últimas, desde el primer día.

Circo Ringling

El caso es que estábamos el otro día comiendo, charlando, riendo, sentados uno frente al otro cuando de golpe veo como se le cambia el rictus de la cara e intenta, sin conseguirlo, continuar con su verticalidad afincando sus codos en la mesa mientras con las piernas intentaba mantener su postura. Pero no se pudo hacer nada, acabó escorando hacia su izquierda. Todo ello, mientras yo le preguntaba a la viva voz que sólo la preocupación puede dar:

– Qué te pasa? Qué te pasa?

Por supuesto, totalmente convencido de que iba a rememorar una actuación que yo mismo tuve años atrás: caer fulminado al suelo por un desvanecimiento en un momento poco propicio. (A mi contra, debo decir, que aquél momento aún lo fue mucho menos pero esa es otra historia).

Cuando mi amigo se pudo recomponer, entendimos el por qué de su supuesto desvanecimiento. La pata delantera izquierda de la silla había cedido con la suficiente lentitud para que la víctima tuviese el suficiente tiempo de patalear cual Zipi o Zape buscando sustento físico.

Lo peor de la historia es que a la semana siguiente, me pasó a mí casi lo mismo en otro restaurante y en otra compañía. La diferencia fue que en mi caso fue la pata delantera derecha. Y justo todos los que estaban alrededor mío, incluido yo mismo, pensamos que me estaba dando un jamacuco. Suerte que enseguida me acordé de la hazaña de la semana anterior y estuve tranquilo, no así mis compañeros ingleses.

A las pruebas me remito:

Foto de la mala pata

Realmente, también es mala pata que nos pase en dos semanas seguidas lo mismo en diferentes sitios.

Un abrazo grande para él.

Pd.- El dueño del restaurante aún no debe estar convencido de que la intención de sacar la foto no era para denunciarlo si no para colgarla en el blog…

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2 Comments

  1. Por favor, leer este post mientras oís la música que os proporcionará este link:

    Qué cosas tiene la vida…así que no le ves desde hacía años y cuando os reencontráis…cataplum…caída…

    Nunca he creído en la casualidad y sí en la causalidad, probablemente vuestra amistad esté marcada por caídas y desvanecimientos puntuales…

    Lo que no deja de sorprenderme es que a él se le rompiera la pata izquierda y a ti la derecha…pero bien pensado…creo que también tiene su explicación…él izquierda, tú derecha…da qué pensar…

    Deberíais comprobar que cuando os veáis no suena una música circense en una frecuencia no audible al ser humano…algo así como en las óperas de Wagner cada vez que aparece en escena uno de los personajes…

    Estoy seguro de que pasásteis un buen momento juntos y también estoy seguro de que a éste le seguirán muchos, muchos más…

    Un gran abrazo amigo mío

  2. Quiero dejar constancia de que me has hecho reír…. 😛


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