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Érase una vez un relativamente joven ejecutivo de una multinacional en viaje de negocios en Miami, una de las ciudades más fascinantes del mundo.

Disfrutaba de las noches de Miami paseando por la playa de South Beach…

Miami Beach at night

Miami Beach at sunfall

Admiraba los anocheceres sobre el skyline de Miami…

Miami beach at night...

Miami Skyline

Cenaba en los mejores restaurantes de Ocean Drive, Las Olas, Fort Lauderdale…

Ocean Drive Restaurants

Ocean Drive Restaurants

Disfrutaba de las mejores fiestas privadas y cocktails en los mejores sitios:

Night Cocktail

Night Cocktail (photo by day)

Se hospedaba en uno de los mejores hoteles de la ciudad, el Intercontinental de Miami.

Intercontinental Miami

 

Y cada mañana cuando se levantaba en ese hotel a las 7 am, se duchaba, elegía traje, botines, corbata y gemelos, desayunaba y se disponía a salir para las reuniones del día. Mediante un agudo silbido, el botones de madura edad, curtido bajo la experiencia de miles de mañanas al sol y bajo un ridículo a la vez que útil uniforme con salacot incluído, que sin duda sería la envidia del Dr. Livingstone, llamaba al taxi de turno.

Mientras tanto, el ejecutivo, con su portátil en una mano, aprovechando cada momento, escudriñaba con la otra en su blackberry último modelo los mails que habían llegado por la noche desde diferentes lugares del mundo. Dos dólares de propina y el sonido del portazo del taxi concluían la mirada que los dos hombres se dedicaban cada mañana.

 

Salacot

Salacot

 

El ejecutivo, aún habiendose acostado a las 4 de la mañana preparando las reuniones de ese día, agotado, y soportando como podía la presión que le suponían las negociaciones que iba a tener esa jornada, no podía evitar utilizar el humor y darse un bálsamo moral a costa del botones del salacot y comentaba con sus compañeros: “Vaya asco de trabajo estar soportando durante años el sol en la puerta de un hotel, vestido de esa guisa, abriéndo puertas de los taxis que traían manadas y manadas de clientes hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año…” Todos reían y asentían.

Mientras el taxi se acercaba a su primer destino cada mañana, el ejecutivo reflexionaba, se sentía bien consigo mismo, agradecido, pero triunfador en cierta manera a la vez que sentía cierta compasión por el trabajo tan desagradecido que tenía el botones cincuentón del salacot y pantalones cortos.

La rutina era la misma cada día: reunión, portátil, comida de negocios, reunión, blackberry, vuelo, blackberry, reunión, blackberry, vuelo, cena, llegar al hotel, portátil, acostarse, dormir tres horas, levantarse agotado, vestirse, desayunar, botones del salacot, blackberry, taxi y vuelta a empezar.

El último día en el Intercontinental de Miami, mientras el botones del salacot cargaba las maletas del ejecutivo en el taxi que lo iba a llevar por último día al aeropuerto y mientras la Blackberry era escudriñada, el botones del salacot le dijo al ejecutivo mientras dirigía dos miradas, una primera curiosa a la Blackberry y una segunda compasiva al ejecutivo:

 

– Vaya asco de trabajo…

 

Levanté la mirada. Y no supe que responderle. Nos sonreímos y acabamos con una risa cómplice. Cuatro dólares y una palmada en el hombro con nuestros mejores deseos cerraron por última vez la relación.

 

Business Dinner Brazilian Resto in Miami.

Business Dinner Brazilian Resto in Miami.

 

Kissing the Canadian Vice President and laughing at.

Kissing the Canadian Vice President of my company and laughing at.

 

Having a drink with some friends and colleagues in The Fort Lauderdale Yacht Club

Having a drink with some friends and colleagues in The Fort Lauderdale Yacht Club

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2 Comments

  1. Sabes que? Todo depende del color del cristal con que se mira…En vez de “que asco de vida” yo hubiese dicho en ambos casos : que suerte tengo!!! Ambos trabajos son dignos y duros dependiendo del momento en que se vive. Hay que disfrutar de lo que tienes en la vida y sentirte afortunado por seguir viviendo. Bona nit a todos!!!

  2. Vaya… sí, qué vida más dura la del “relativamente” joven ejecutivo…
    Te ha faltado describir la maravillosa vista que debería haber desde la ventana de la habitación del Intercontinental para que aún nos creyésemeos más el angustioso trance laboral…
    Creo que hasta la Blackberry (recibiendo mensajes desde la otra punta del mundo) disfrutó de las negociaciones y el poco sueño de su ejecutivo durante el viaje de negocios por una de las ciudades más fascinantes del mundo…
    Aunque (como pensaría el botones…) ¡¡¡todo en su justa medida!!!!
    Un beso grande.


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